lunes, 18 de mayo de 2015

Poesía para el día del niño

“SOY UN NIÑO”
Soy un niño,
feliz en un barquito de papel
zarpo imaginario tras piratas,
y soy terror de esos malos
y soy señor de los mares
con mi espada de carrizo en las batallas

Soy un niño,
conozco el espacio total
que hay más allá del cielo;
y soy el dueño del sol,
de la luna y las estrellas;
voy de Mercurio a Plutón
en mis vuelos.

Soy un niño,
así de pequeño
soy más fuerte que Sansón,
pues hago trizas los problemas
de mis papás a los que quiero;
dicen ellos que en mi cara
está el cielo.

Soy un niño,
quiero ser astronauta
y ayer quise ser bombero;
soy el más rico del mundo
¡ tengo mis propios sueños !
puedo ser lo que desee,
si lo quiero.

Soy un niño,
hay un lugar para mí
en el reino de los cielos,
que espero conservar
y al ser adulto no perderlo;
soy preferido de Dios:
entre Él y yo no hay secretos.

En un ciclón que avasalla
soy ternura y cariño;
hijo de dos que se aman
soy de Dios... soy un niño.
Bruno Pablos.

Poesía a Cristobal Colón | Poema al descubrimiento de América

“A CRISTÓBAL COLÓN”

Cristóbal Colón, marino firme y genial,
luchador incansable y tenaz guía
que supiste llegar hasta el final
en tus “Pinta”, “Niña” y “Santa María”.

Señor de la aventura y el tesón
que mostraste forma y dimensión del mund
poniendo en esa empresa el corazón,
profunda convicción y gran estudio.

Zarpando del puerto de palos de Moguer
en el mar de las tinieblas te adentraste,
hasta que Rodrigo de Triana dio a saber
el ansiado “¡ tierra, tierra !”, que lograste.

Por unir dos tierras una vez
y probar que es una y que es esférica,
en homenaje al ilustre Genovés
que toque las campanas toda América.

Conociendo las mil trabas que sorteaste
navegante de los viajes del ayer,
hoy mi corazón de niño entusiasmaste
y quiero mío el continente del saber.

Bruno Pablos.

miércoles, 29 de abril de 2015

Poema al padre | Poesía para el día del padre


Oye negra, ¿te puedo hablar?
ya los chicos se han dormido
así que, así que deja el tejido,
que después te equivocas.
Hoy te quiero preguntar,
por qué motivo las madres amenazan a sus hijos
con ese estribillo fijo de “¡ah cuando venga tu padre!”
y con tu padre de aquí, y con tu padre de allá,
resulta de que al final, al verme llegar a mí,
lo ven entrar a Caín y escapan por todos lados.
Y yo que vengo cansado de trabajar todo el día,
recibo de bienvenida una lista de acusados,
tú empiezas con tus quejas y yo tengo que enojarme,
igual que hacía mi padre al escuchar a mi vieja
Entraba a fruncir la ceja apoyando a ese fiscal
que en medio del temporal se erigía en defensora,
lo mismo que tú ahora que siempre me dejas mal,
si los perdono, “que ejemplo ¿es así como los educas?”
si los castigo “eres bruto, no tienes sentimientos”
A mí, a mí que llegué contento y no tuve más remedio
que poner cara de serio y escuchar tu letanía,
a mí, a mí que me paso el día pensando en jugar con ellos
yo sueño en llegar a casa y olvidarme felizmente del trabajo,
de la gente y de todo lo que pasa.
Los hijos son la esperanza y el porqué de nuestras vidas,
por eso nunca les digas “¡ah! cuando venga tu padre”,
no quiero encontrar culpables, quiero encontrar alegría,
que no me pongas de escudo como lo hacía mi madre,
que consiguió que a mi padre lo imaginara un verdugo,
él llegaba y te aseguro que se acababan las risas.
Y en lugar de una caricia o hablarle como a un amigo,
lo miraba compungido, presintiendo una paliza,
y el pobre, que me entendía, sacudiendo la cabeza
escuchaba con tristeza lo que mi madre decía.
Y que él, y que él de sobra sabía “¡que con este no se puede,
que me pinta las paredes, que trajo las suelas rotas,
que la calle, la pelota, que me saca canas verdes!”
A la cama sin cenar, aburrido me ordenaba,
mi madre me consolaba y yo, y yo lo culpaba a él,
a él que había llegado recién de trabajar cansado
y ya lo había yo amargado con todas mis travesuras.
Los hijos nunca analizan el sentimiento del padre,
porque el brillo de la madre es tan fuerte, que lo eclipsa
solo le hacemos justicia cuando nos toca vivir a nosotros su problema,
¡ay..  si mi padre viviera! que recién lo comprendí
y por qué nunca me dijo lo mucho que me quería,
Si hoy yo sé cuánto sufría al ver enfermo a su hijo
porque me miraba fijo el primer pantalón largo
y se, y sé que hasta me habrá besado cuando yo estaba dormido
hoy que todo lo comprendo, ¿por qué no estás a mi lado?
¿Por qué no estás ahora para besarte bien fuerte viejo lindo?
y ofrecerte mi cariño a todas horas.
Ves a tu hijo que llora, pero llora con razón,
porque te pide perdón pensando en aquellos días
en que ciego no veía que eras puro corazón,
déjame negra que llore, es tan lindo desahogarse.
En fin, veamos que hacen nuestros futuros señores
mira esos pantalones, tápale un poco a la nena
si, si, ya sé, no me lo digas, hoy se fue a la calle sola
acuéstate rezongona, mañana, mañana será otro día.

Poema a la madre | Poesia para el día de las madres




Yo fui medio consentido
por ser el hijo menor
y ya mi hermano el mayor
me decía: "el preferido".
¡Razones habrá tenido!
Cada vez que me corría,
detrás de ella me ponía
y ya estaba defendido...

Cuando el viejo me mandaba
a la cama sin comer
la veía aparecer
fingiendo que se enojaba,
y a escondidas me pasaba
la parte mía en un plato.
-"Y en la próxima... te mato"
me decía... y lagrimeaba...

El gesto se lo pagaba
con versos a las visitas,
que al grito de: ¡ monadita!···
contra el pecho me estrujaban.
¡Y la frente me arañaban
con aquellos prendedores
que formaban corazones
con la flecha atravesada!...

Aquel delantal mojado
de lavar en la pileta,
que retorcía de inquieta
porque alguno había avisado
que el hijo se había peleado
con otro chico en la esquina...
¡Y yo al rato aparecía
con un ojo "empavonado"!...

Me acuerdo cómo quedó
la vez del pantalón largo...
¡Fue un momento mas amargo!...
Me miraba... me tocó...
decía: -¡Como creció!..
Si ayer lo hacía dormir...
Y al quererme sonreír,
el llanto la traicionó!...

Igual que todos, creí
que sabia demasiado.
Por unos labios pintados,
de al lado de ella me fui,
y aquel día en que volví
arruinado...y se lo dije,
en vez de pegarme un bife
se puso a rezar por mi.

¡Cómo castiga la vida!
¡Como traiciona la gente!
¡Como se dobla la frente
por un plato de comida!
No hay uno que no te pida
su parte por un favor,
y se calcula el valor
que pueda tener tu herida. ··

Solo ella es quien comprende
el dolor de tu mirada
porque su vista cansada
desde chicos nos entiende;
solo ella te defiende,
porque sos su misma sangre,
y sólo te da la madre
la amistad que no se vende..

Yo quería hacerle un verso
como ella lo merece
y lo empecé varias veces
y no salgo del comienzo....
Es que a una madre, yo pienso,
¿que se le puede escribir?...
¡Solo se puede decir
en la grandeza de un beso!

jueves, 23 de abril de 2015

Poesías para el día de las madres | Poemas para mamá

Poesías para el día de las madres | Poemas para mamá

Sólo el amor de una madre
Sólo el amor de una Madre apoyará,
cuando todo el mundo deja de hacerlo.
Sólo el amor de una Madre confiará,
cuando nadie otro cree.
Sólo el amor de una Madre perdonará,
cuando ninguno otro entenderá.
Sólo el amor de una Madre honrará,
no importa en qué pruebas haz estado.
Sólo el amor de una Madre resistirá,
por cualquier tiempo de prueba.
No hay ningún otro amor terrenal,
más grande que el de una Madre.
Madre
Tu mirada de amor
descubre lo que otros no quieren ver.
Tu nobleza
te hace apreciar lo que los demás desprecian.
Tu amor desinteresado
te hace defender a los pequeños
que otros atacan o menosprecian.
Tu presencia
despierta confianza, amor a la vida
y esperanza en un futuro mejor.
Mamá
Quiero agradecerte
que estés en mi vida.
Sé que puedo contar contigo
en momentos difíciles,
sé que contigo puedo
compartir mis alegrías,
y sé que nuestra amistad
se sustenta en mutuo amor.
Que seas mi MAMA y mi AMIGA
es el más preciado tesoro,
que agradeceré a DIOS eternamente.
Gracias por llenar mi vida
con tanta felicidad.
Te Amo Mamá!
A mi madre
Te fuiste de mi lado.
En silencio fue tu partida.
Mi corazón se ha desangrado
por tan súbita despedida.
Tu espíritu luchador
a la vida se aferraba.
Más Dios, desesperado,
a su lado te llamaba.
En ángel te has convertido.
Velando por nosotros estás.
Aguardando que se cumpla la cita
de reunirnos en la eternidad.
Sin embargo, me parece tan lejos…
Quisiera ahora poderte abrazar.
Te busco, te llamo. No te encuentro.
Dime… ¿Cómo me he de consolar?
Tu amor incalculable
mis faltas por alto pasó.
Porque el querer de una madre,
ese, no tiene comparación.
Sé que en el cielo habitas.
Al lado de Dios has de estar.
Aguardaré paciente el día
en que nos volvamos a encontrar.
Entonces será para siempre.
Nada ni nadie nos podrá separar.
No temeré cuando llegue mi momento
pues tu presencia me confortará.
Me esforzaré por ganar el cielo
para no perderte nunca más.
Mientras tanto, guía mis pasos.
Ilumina mi senda, enséñame el camino.
Que tu presencia me rodee siempre
hasta que se cumpla mi destino.

martes, 14 de abril de 2015

Poema a la madre: Atrás de la memoria

Atrás de la memoria

De hinojos en el vientre de mi madre

Yo no hacía otra cosa que rezar,


Por la grieta de su boca perfumada

Alguna vez el resplandor externo sorprendí; No estaba yo al corriente de la realidad, Pero cuando ella sonreía

Un mediterráneo fuego se posaba

En el quebradizo travesaño de mis huesos.

Era el impredecible amanecer de mí mismo Y en aquellas vísperas de gala y de miseria Pude oír el eco del granizo

Tras la nerviosa ventana carnal; Arrodillado estuve muchos meses Velando mis armas,

Contando los instantes, los rítmicos suspiros que me separaban de la noche polar.

Pronto empuñé la vida

y con manos tan pequeñas

Que apenas rodeaban un huevo de paloma Jugué a torcer en mil sentidos,

Como un alambre de oro,

El rayo absorto que a otra existencia me lanzaba. Cabellos y piernas con delicado estrépito Saludaron al semáforo canicular.

Entonces halé hasta mis labios

La cobija de vapor que yo mismo despedía Y me dormí en la profunda felicidad


Que uno siente cuando conoce al aire. MARCO ANTONIO MONTES DE OCA

Poema a la madre: Mi madre hilaba en silencio

Mi madre hilaba
Mi madre, en silencio,

hilaba la eternidad con las hebras del tiempo. Era el poder de los bienes ancestrales; vaciaba en cada uno de nosotros

los jugos que devienen

de las vértebras secretas de la tierra. Ella vetó, sin tregua, nuestro sueño, acrecentó la hacienda

y horneó el pan cotidiano,

Los pájaros y las matas florecidas no conocieron otra mano

para crecer en exuberancia y en belleza, que la suya.

Sus noches largas,

reclinadas sobre una almohada constelada de interrogaciones,

ella curó nuestras fiebres infantiles, sanó las heridas adolescentes;

y supo de un mar y otro mar amargo que tragar.

Cada año y cada hijo

dejaron secos y desnudos sus ojos,

como si con el llanto se le hubieran descosido los párpados.

Un día, se agrietaron sus muros y descendió a la noche.

Ahora sé que su silencio en el quehacer sumiso fue flor de sabiduría,

el nervio vivo con que se mueve el dedo del Amor.

ENRIQUETA OCHOA

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