jueves, 5 de mayo de 2011

Oda a la patria - poesía al 5 de mayo

Alcemos nuestro lábaro en la cumbre
Esplendorosa de granito y nieve Del
excelso volcán, a donde raudo. Entre
el fulgor de la celeste lumbre Tan
sólo el cóndor a llegar se atreve;
Donde la nube se desgarra el seno
Para vibrar el rayo
Y hacer rodar en el abismo el trueno.
Alcemos, sí, bajo la arcada inmensa
Del cielo tropical y sobre el ara
Diamantina del Ande
El augutso pendón de la victoria,
Que aún mereciera pedestal más grande
la enseña de la Patria y de la Gloria!


¡Oh santo nombre de la Patria!... Escucha
Con tu prestigio inmenso
Esta mi audaz palabra, tan desnuda
De elocuencia y vigor; haz que vibrante
Al pie de tus altares se levante,
Y sea la nube del incienso
Ante el ara de Dios; haz que resuene
Potente, y en su vuelo
Con tu renombre los espacios llene
y cubra el mundo y se levante el cielo!


Ayer -fugaz minuto que a la Historia
Acaba de pasar en las serenas
Y deslumbrantes alas de la Gloria
Ayer en la ignorada
Cumbre de una cólina que ceñía
Una cinta de frágiles almenas

y pobre artillería,
El mexicano pabellón flotaba
Bajo un cielo de brumas,
Como en la frente del guerrero azteca
Rico penacho de vistosas plumas.
De las brisas del trópico... crujía
Mas no flotaba al beso voluptuoso
Al soplo tempestuoso
De un huracán de muerte, y se tendía
Su lona tricolor, como del iris
Sobre la frente negra de los cielos
La diadema se ostenta
Cuando huyendo flamígera sacude
Su melena de rayos la tormenta!


Y era también un iris de esperanza
Aquel sagrado pabellón erguido
Ante el genio feroz de la matanza,
Aquella enseña del derecho herido
Alzándose terrible a la venganza,
Allí del Mundo de Colón los ojos
Se fijaban severos, centellando
De impaciencia, de cólera y enojos.


Y ¡quién sabe! si airadas Allá
desde los picos solitarios De la
alta cordillera, silenciosa,
Envueltas en sus pálidos sudarios,
De nuestros muertos asomaban
Las sombras espectrales
Y el Guadalupe atónitas miraban.


¡El Guadalupe!... ostenta en sus laderas
De la patria las bélicas legiones:
Brillan las armas, flotan las banderas,
Y se mezcla al rodar de los cañones
El toque del clarín, la voz de mando
Y el relincho marcial de los bridones.

Y más allá cruzando la llanura,
Henchidas de arrogancia.
Tendiendo al sol las alas voladoras,
Las imperiales águilas de Francia
Conduciendo las huestes invasoras.


¿En dónde está su incontrastable arrojo?
¿En dónde su fúror armipotente?
¿De el llegar y vencer que suyo haría
Inmóvil de terror el continente?
¿Las águilas francesas
No midieron, cruzando el Océano,
Cuánto eres, Libertad, grande y potente
Bajo el inmenso cielo americano?...


Soberbias te arrojaron sus legiones;
y viéndolas llegar, en tu mirada
Las iras del ultraje centellaron!
El rayo de la muerte fulminaron;
Relámpagos los golpes de tu espada
Sangrienta charca abrióse tu pisada,
Nada su rabia de leones pudo,
y ante tu fuerte escudo,
Ellas... las invencibles... se estrellaron!


¡Y tres veces así!... del Guadalupe
Quedaron las laderas
De pálidos cadáveres regadas,
Y de francesa sangre
Y sangre mexicana ¡ay! empapada.
Y cuando el sol de Anáhuac esplendente
Bajaba al occidente
El ángel tutelar de la victoria
Voló a arrancarle su postrero rayo,
Bañó con él de México la frente
Sellándola de gloria;
Y con letras del sol CINCO DE MAYO
Para los siglos escribió en la Historia!

Entradas populares